La salida de Lex Veldhuis
de PokerStars, tras 17 años de relación, fue una de las noticias más destacadas de la semana. Pero más allá del impacto industrial, el verdadero movimiento interesante está en otro tablero: su estrategia para crear contenido pokeril. Para Veldhuis, encender la cámara no es improvisar; es jugar una mano bien pensada.
Lex entiende el contenido como entiende el poker: no se trata de una sesión, sino de miles. Su primer principio es simple y brutalmente honesto: disfrutar el proceso. “Si no te gusta, se nota”, parece decir cada vez que habla de YouTube. En términos pokeriles, crear contenido solo por resultados es como jugar con fuego: tarde o temprano, te auto-saboteas.
El segundo pilar es la práctica constante. Veldhuis no cree en el video perfecto, cree en el volumen. Trata de publicar una pieza audiovisual lo más seguido posible, consciente de que la mejora llega por repetición, no por esperar el spot ideal. Exactamente como multitablear: algunas mesas serán rutinarias, otras memorables, pero todas suman EV.
El tercer punto es la visión de largo plazo. Lex traslada una de las lecciones más duras del poker al mundo creativo: los resultados no son inmediatos. Algoritmos, crecimiento y engagement funcionan como la varianza. Puedes jugar bien y perder hoy, pero si el plan es sólido, el gráfico termina subiendo. Paciencia, disciplina y cero tilt con los números.

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A nivel conceptual, su estrategia también apuesta por la diversificación. No solo quiere mostrar acción en vivo; quiere discutir manos, educar jugadores, probar productos y explorar formatos. Como cambiar de cash a torneos o de online a live, pero sin perder identidad. Reinventarse sin resetearse.
Su propia historia respalda el método. Su canal tiene más de 14 años y empezó con videojuegos. Luego vino el poker online, Twitch explotó y ahora llega una nueva etapa, con los micrófonos nuevamente encendidos tras un 2025 en silencio. Para Lex, apagar y prender también es parte del juego: seleccionar bien los spots.
Hoy, libre de parches y con hambre renovada, Veldhuis juega otra mesa importante. No contra rivales, sino contra la constancia, el algoritmo y su propia creatividad. Y como buen jugador ganador, sabe exactamente qué está haciendo: seguir el plan, aceptar la varianza y no desviarse del proceso. El resto, como siempre, llega solo.



