La confianza es uno de los temas más discutidos en el mundo del poker. Muchos jugadores hablan de “correr con confianza” cuando están en racha, o de perderla cuando la varianza les da la espalda. Sin embargo, como explica Alan Longo
, psicólogo de alto rendimiento con cinco años de experiencia entrenando a jugadores de high stakes, esa idea de confianza como algo místico o intangible es justamente lo que impide desarrollarla de manera real.
Longo propone un enfoque mucho más científico y práctico: la autoeficacia. Este concepto, desarrollado originalmente por el psicólogo Albert Bandura
, se refiere a las creencias en la propia capacidad para organizar y ejecutar las acciones necesarias para alcanzar un objetivo específico. En palabras simples, no se trata de “sentirse confiado”, sino de creer que uno puede ejecutar una tarea concreta en una situación concreta.
Autoeficacia vs. habilidad: el gran malentendido
Uno de los errores más comunes en los jugadores, según Longo, es confundir la autoeficacia con la habilidad técnica. Estudiar cientos de horas de teoría o memorizar rangos GTO no garantiza poder aplicarlos bajo presión. Lo importante no es solo saber qué hacer, sino creer que uno puede hacerlo cuando las fichas están en juego.
Esa diferencia —entre el conocimiento y la confianza práctica para usarlo— explica por qué dos jugadores con la misma formación pueden obtener resultados tan distintos. El que posee una autoeficacia bien calibrada tomará decisiones con consistencia, incluso en los momentos críticos.

Tener Un Buen Mindset Es Fundamental Para Jugar Poker.
Cómo la autoeficacia moldea tu juego
El nivel de autoeficacia influye directamente en las acciones que un jugador elige. Quienes la tienen alta se atreven a enfrentar spots difíciles, invierten más esfuerzo en estudiar y, sobre todo, persisten en las malas rachas. Esa capacidad de sostener el A-game durante una downswing es lo que separa a los jugadores que crecen de los que se frustran y abandonan su proceso.
Las cuatro fuentes para construirla
Longo explica que la autoeficacia no es un rasgo innato, sino una creencia que se construye a partir de cuatro fuentes principales:
- Logros personales: nada refuerza más la autoeficacia que las propias victorias. Cada jugada bien ejecutada es una prueba tangible de capacidad.
- Experiencias vicarias: observar a otros jugadores —especialmente pares o compañeros de estudio— superar desafíos similares también eleva la propia creencia.
- Persuasión verbal: la retroalimentación creíble y específica de un coach o colega (“tu razonamiento en ese check-raise fue sólido”) tiene más impacto que la simple alabanza vacía.
- Estados fisiológicos y emocionales: aprender a reinterpretar la adrenalina o el nerviosismo como señales de activación positiva, en lugar de miedo, protege la confianza bajo presión.
El objetivo: una creencia calibrada, no ciega
Para Longo, la meta no es tener una fe ciega o arrogante en las propias habilidades. Lo que importa es desarrollar una autoeficacia bien calibrada, alineada con la realidad de lo que uno ha practicado y dominado. Creer más de lo que realmente se sabe conduce a errores y a descuidar el estudio; creer menos, a la parálisis y la duda.
En definitiva, el trabajo mental más efectivo no es “sentirse bien” ni “pensar en positivo”, sino construir evidencia interna de que se ha hecho el trabajo y se es capaz de aplicarlo. Pasar de la vaga confianza al poder tangible de la autoeficacia es, como dice Alan Longo, “el paso más sólido hacia un rendimiento mental verdaderamente profesional en el poker”.
Fuente: Alan Longo en poker.org


