El brillo de las cartas, los relojes de lujo y las mansiones de Hollywood esconden un escenario mucho más oscuro. Un reciente caso judicial en Estados Unidos ha revelado cómo el mundo del poker high-stakes en Los Ángeles puede convertirse en terreno fértil para la extorsión, la violencia y las redes criminales internacionales.
El protagonista de esta historia es Assaf “Ace” Waknine
, un israelí de 52 años con antecedentes por delitos graves, acusado de intentar cobrar “dinero por protección” a un organizador de partidas privadas de poker. Según el informe del agente federal Matthew Hernández
, Waknine habría amenazado a su víctima con “terminar como Emil Lahaziel
”, un jugador asesinado en 2023 fuera de una residencia en Hollywood Hills, vinculada al mismo círculo de poker clandestino.
Extorsión, violencia y el precio del glamour
El caso expone cómo el underground del poker angelino se ha convertido en un negocio multimillonario que atrae tanto a celebridades como a figuras del crimen organizado. Durante la pandemia, estas partidas privadas se multiplicaron: buy-ins de US$20.000, ganancias de seis cifras y locaciones en zonas exclusivas como Beverly Hills o Benedict Canyon.
Pero donde hay dinero, hay poder. Y donde hay poder, llega el miedo. De acuerdo con la denuncia, Waknine exigía US$5.000 por juego a cambio de “protección”. Cuando el organizador se negó, comenzaron las amenazas, los incendios en propiedades y hasta la quema de un Bentley frente a una casa vinculada al circuito.
Investigadores de Homeland Security aseguran que Waknine, deportado en 2011 y actualmente prófugo en México, mantiene influencia sobre las partidas privadas desde el extranjero, utilizando su reputación violenta para intimidar jugadores y anfitriones.
El asesinato que cambió las reglas
El nombre de Emil Lahaziel
, mencionado en los mensajes de amenaza, no es ajeno a la escena. Lahaziel, un exjugador con vínculos con la mafia israelí, fue hallado muerto de varios disparos en 2023. Según documentos judiciales, había tenido disputas previas con los hermanos Waknine, y su muerte se convirtió en símbolo del riesgo que acecha en los márgenes del poker ilegal.
Hoy, dos hombres —Ricardo Corral
y José Martínez Sánchez
— enfrentan cargos por el homicidio, mientras que Waknine sigue prófugo. Su abogado, Brett Greenfield
, niega las acusaciones y sostiene que su cliente “no amenaza ni extorsiona a nadie”.

Las Partidas Underground En Los Angeles Se Han Vuelto En Muchos Casos Peligrosas.
Un patrón que se repite
Las autoridades de Los Ángeles revelaron que otra partida privada está siendo investigada, luego de que un anfitrión anónimo recibiera mensajes intimidatorios de Waknine. Esta “Víctima 1” denunció que le exigieron pagos de US$5.000 por sesión para evitar ataques o represalias. Los investigadores creen que este modus operandi se ha replicado en varios juegos clandestinos en el área de Los Ángeles.
Según la declaración jurada, Waknine ya había cumplido seis años de prisión federal por extorsión, tras amenazar a empresarios israelíes con “cobros de préstamos” en los años 2000. Los documentos judiciales también mencionan incendios provocados y agresiones violentas contra otros organizadores, hechos que buscan “reforzar su reputación criminal”.
Cuando el glamour se mezcla con el crimen
El crecimiento de las partidas privadas de poker en Los Ángeles coincidió con el auge de la industria del entretenimiento y la presencia de celebridades que prefieren el anonimato a los torneos oficiales. Sin embargo, ese mismo anonimato ha abierto la puerta al lavado de dinero, la manipulación y la extorsión. “Es un ecosistema sin control, donde las sumas son gigantescas y las reglas, invisibles”, comentó un exjugador local bajo condición de anonimato. “Todos saben quién es quién, pero nadie se atreve a hablar. El miedo se siente en cada mesa”.
La historia de Assaf “Ace” Waknine es un recordatorio brutal de que el poker high-stakes puede ser tan peligroso como lucrativo. Lo que para muchos es un pasatiempo de adrenalina y glamour, para otros es un escenario donde la codicia y el miedo marcan las reglas. El caso continúa bajo investigación federal, pero una cosa queda clara: en Los Ángeles, incluso una mesa de poker puede ser un campo de batalla.


