El Mayfair Club abrió en los años 50 como un lugar de bridge en Manhattan
, pero pronto se transformó en algo mucho más grande. En la calle 24, a metros del Madison Square Park, este sótano se convirtió en un espacio donde el poker dejó de ser azar y se volvió ciencia.
Brian Koppelman
, guionista de Rounders, lo definió como un templo oculto: “Era maravilloso jugar ahí. Tenías que anunciarte, Ingrid Weber
te recibía en la entrada y después de esperar tu turno podías sentarte a la mesa. Todo era diferente, se respiraba otra atmósfera”. Fue en ese ambiente donde nació la idea de su película.

La Recepción Del Mayfair Club Y El Famoso Eddie Kgb.
Jugadores legendarios y el laboratorio del juego
El Mayfair comenzó con partidas de backgammon, hasta que Steve Zolotow
propuso usar las fichas para jugar heads-up. “Después de cada partida nos íbamos al bar a analizar manos. Era un laboratorio de ideas”, recordó en un podcast. Ese espíritu colectivo de estudio fue lo que diferenció al club de cualquier otro espacio de la época.
Con la llegada de Mike Schichtman
en 1988, el Mayfair se transformó en un club de poker completo. Él mismo lo describió: “Quería que mis clientes sintieran que estaban yendo al living room de alguien. Muchos de los mejores jugadores del mundo pasaron por esas puertas”. En ese ambiente, el poker se convirtió en la disciplina principal y en un semillero de campeones.
Por sus mesas pasaron nombres que luego dominarían el circuito mundial: Erik Seidel
(9 brazaletes WSOP), Dan Harrington
(campeón del Main Event 1995), Stu Ungar
(3 veces campeón del mundo), Howard Lederer
, Mickey Appleman
, Jay Heimowitz
y el propio Zolotow. En total, los habituales del Mayfair sumaron 33 brazaletes de la WSOP, cifra que habla por sí sola del nivel de competencia que se respiraba en ese sótano.
El escritor Michael Konik
lo definió con crudeza: “Jugar en el Mayfair era como ser admitido en una sociedad secreta subterránea. Estaba mal ventilado y sucio, pero para quienes amábamos las cartas era un palacio”. Allí se jugaban desde el Baby Game de $2/$5 hasta el Big Game de $25/$50, además de Mixed Games de $75/$150 que prepararon a una generación entera para brillar en Las Vegas.

Algunos De Los Jugadores Habituales Del Club.
El legado inmortal del Mayfair Club poker
La jefa de piso Ingrid Weber
inspiró al personaje de Petra en Rounders. Ella garantizaba que todo funcionara con orden y seguridad. “Yo era la jefa de piso. Me aseguraba de que los juegos comiencen, sentar a los nuevos jugadores, vender fichas y establecer reglas”, recordó. Además, tenía un botón de pánico conectado a la policía que, según dijo, jamás necesitó usar.
El Mayfair era exclusivo y contaba con televisión, cocina completa y hasta una mesa de pool. No había croupiers, los jugadores mismos repartían las cartas, y aun así la mayoría de las partidas eran limpias. “La única trampa que recuerdo fue cuando un jugador puso un cold deck ya preparado para darle la mano ganadora”, relató Ingrid.
Y también hubo momentos memorables que marcaron a quienes pasaron por ahí. Erik Seidel
contó que muchas noches, tras largas sesiones, salían a festejar al bar Honey Tree con partidas de pool. En una ocasión, después de ganar un gran pozo, Stu Ungar
apareció con una sonrisa confiada y le dijo a un amigo: “En este club no se viene a jugar, se viene a demostrar quién tiene agallas”. Ese tipo de frases, mitad arrogancia y mitad verdad, quedaron grabadas como el espíritu desafiante del Mayfair.
Más allá de sus paredes, el impacto fue enorme. “Estar alrededor de ellos fue una gran educación de poker”, resumió Seidel, reflejando la esencia del lugar. Esa ética de estudio, sumada al choque constante con rivales duros, convirtió al club en el laboratorio que dio forma al poker moderno.
Hoy, el Mayfair es recordado como mucho más que un sótano en Nueva York. Fue el espacio donde se forjaron campeones, se inspiró una película de culto y se encendió una chispa que todavía ilumina cada showdown en las mesas del mundo.
Fuente: GipsyTeam.


