La historia del poker moderno suele contarse como un cuento épico de superación. Pero en el centro de ese relato hay un momento surrealista: Chris Moneymaker
no quería ganar el satélite que lo llevó al Main Event de la World Series of Poker 2003. De hecho, hizo todo lo posible por perderlo.
En una reciente entrevista con Paul Seaton
para Tight Poker, el campeón volvió a confirmar una versión que el tiempo no ha logrado desgastar: su camino hacia la gloria comenzó por error. Moneymaker pensó que se estaba registrando en un simple sit & go. No sabía que aquel torneo de 86 dólares era el primer eslabón de una cadena de satélites que desembocaba en el Main Event de la WSOP.
Con apenas 200 dólares en su cuenta online, la decisión era —en sus propias palabras— “ridículamente estúpida”. Cuando entendió el verdadero premio en juego, la frustración fue inmediata. Pero el azar, ese socio silencioso del poker, decidió otra cosa: ganó el primer satélite y avanzó al clasificatorio de 630 dólares, donde se repartían tres asientos para Las Vegas.
Ahí apareció el verdadero conflicto. En 2003, los asientos no eran transferibles. Ganarlo significaba viajar, jugar el torneo más caro del mundo… o perderlo todo. Para un amateur con deudas de tarjeta de crédito, el cuarto puesto —que pagaba 8.000 dólares en efectivo— era el objetivo ideal. Exactamente la cifra que debía.

Chris Moneymaker, En La Wsop 2023, Convirtió Un Satélite Casi Despreciado En Un Brazalete Y Us$2,5 Millones. En El 2019, Se Convirtió En Parte Del Salón De La Fama Del Poker.
Entonces, Moneymaker intentó perder en la cuarta posición. Literalmente. Confesó haber tratado de “botar fichas” para quedar cuarto. El plan estuvo a punto de funcionar, hasta que un amigo lo llamó y le ofreció comprarle 50% de las acciones si ganaba el asiento. El trato —que irónicamente nunca se concretó— cambió su perspectiva. Ya no quería perder.
El problema es que otro jugador en la mesa también buscaba el cuarto lugar. En medio de ese extraño duelo por no ganar, Moneymaker terminó quedando entre los tres primeros. Asiento asegurado. Destino sellado.
Meses después, aquel contador amateur levantaría el brazalete dorado y encendería el boom del poker online. Todo por un clic equivocado, un intento fallido de perder… y porque, a veces, la historia también sabe hacer slowroll.
Fuente: pokerfuse.com


