La mayoría de los jugadores cree que la seguridad aparece cuando empiezan a ganar manos. Pero la autoconfianza en el poker no depende del resultado, sino de la percepción que desarrollas sobre ti mismo. La conversación entre Sergio Saiz
y Pablo “Pablomm” Muñoz
lo explica con claridad: tu confianza empieza antes de sentarte a jugar, cuando decides quién eres como competidor y cuánto valor le das a tu propio proceso.
Muñoz el creador de contenido y coach español subraya que muchos jugadores pierden seguridad porque solo se miden por su gráfica. Para él, el problema no es técnico, es mental: cuando la identidad del jugador depende de la varianza, cada sesión se vuelve una montaña rusa emocional. La solución no es estudiar más, sino generar hábitos que estabilicen la mente, eleven tu percepción de control y fortalezcan tu criterio bajo presión.
Ritualizar el inicio del día para ordenar la mente
Uno de los primeros pilares que menciona Pablomm es tener un ritual matutino que marque el ritmo del día. No se trata de hacer algo complejo, sino de establecer un ancla mental que permita iniciar con foco. Según él, “cuando el día empieza ordenado, el poker te encuentra ordenado”. Esa estructura elimina ruido, reduce ansiedad anticipatoria y evita que llegues a la sesión “apagando incendios”.
Además, un ritual consciente activa la sensación de agencia: no empiezas el día reaccionando al mundo, sino tomando decisiones. Esto genera un primer nivel de autoconfianza básica: sentirte capaz de dirigir tu energía hacia donde importa. Y ese músculo mental termina trasladándose a las mesas, especialmente en spots de alta presión.
Por último, este hábito te obliga a detener la mente antes de entrar en la dinámica competitiva. Algo tan simple como estirar, caminar cinco minutos o leer un párrafo transforma el estado interno con el que entras a la sesión. Es un recordatorio de que tu juego no es solo técnico, es emocional.
Reforzar la identidad del jugador que quieres ser
Para Pablomm, el segundo hábito es reforzar tu identidad con microacciones diarias. No se construye autoconfianza repitiendo frases motivacionales; se construye demostrando con acciones quién eres. “La mente cree lo que haces, no lo que dices”, subraya el español.
Por eso recomienda pequeñas acciones que definan tu estándar: revisar una mano, estudiar un spot corto, anotar una tendencia poblacional o simplemente cerrar una sesión cuando sabes que no estás en tu mejor versión. Cada una es una evidencia que alimenta un mensaje interno: soy un jugador disciplinado.
Este hábito, explica, es clave porque la mayoría solo actúa bien cuando las cosas salen bien. Los profesionales de alto nivel lo hacen al revés: actúan bien incluso cuando están perdiendo, y eso es lo que dispara la verdadera confianza. No porque las cosas van bien, sino porque saben que, pase lo que pase, se comportan como jugadores sólidos.
Aprender a abrazar la incomodidad
Todo jugador que crece pasa por etapas incómodas: subir de nivel, enfrentar rivales más fuertes, estudiar conceptos que desafían hábitos antiguos. Para Pablomm, el error es evitar ese dolor. “La incomodidad es la prueba de que estás evolucionando”, señala.
La autoconfianza se dispara cuando aprendes a sostener esa incomodidad sin colapsar emocionalmente. Cuando logras estar del lado correcto del desafío, la mente entiende que la adversidad no te define, sino que te impulsa. Y eso cambia por completo la relación con la varianza: ya no es un enemigo, es una parte natural del proceso.
Además, trabajar en zonas de incomodidad desarrolla el coraje competitivo que diferencia a los jugadores comunes de los que progresan realmente. Tomar decisiones difíciles sin dudar es una consecuencia directa de haber entrenado tu mente para no retroceder ante la presión.

Pablo Muñoz Menciona La Incomodidad Como Factor Clave Para Determinar El Avance En Tu Juego.
Revisión inteligente, no compulsiva
Revisar manos no se trata de mirar cada badbeat ni de torturarte con spots que ya están terminados. Pablomm insiste en que la revisión debe ser estratégica: “revisar es para aprender, no para castigarte”.
Una revisión efectiva fortalece la autoconfianza porque transforma el error en información útil. Entiendes por qué una línea fue mala, cuál era la decisión correcta y cómo incorporarla la próxima vez. Esta claridad elimina dudas en manos futuras: no improvisas, ejecutas lo aprendido.
Por el contrario, revisar compulsivamente genera más inseguridad, más ruido y más sesgo emocional. La autoconfianza crece cuando la revisión se convierte en un proceso estructurado, breve y enfocado en patrones, no en jugadas aisladas.
Cerrar el día con una prueba de integridad
El último hábito es sencillo pero potente: terminar el día preguntándote si actuaste acorde a tus estándares. Según Pablomm, “la confianza es el resultado acumulado de pequeñas integridades diarias”. No se trata de ganar o perder, sino de sentir que hiciste lo que debías hacer.
Ese cierre te mantiene alineado con tu identidad: si cumpliste, vas a dormir con paz; si no cumpliste, ajustas mañana. Ese ciclo es justo lo que un jugador necesita para construir autoconfianza sostenible: claridad interna, perspectiva de largo plazo y responsabilidad personal.


