El poker siempre ha convivido con la sombra de las trampas, pero lo que antes requería habilidad manual y nervios de acero hoy se compra online con tarjeta de crédito. Así lo advierte una investigación publicada por CardPlayer, basada en una entrevista del sitio con el especialista en integridad de juegos George Joseph
, ex mago de close-up y fundador de Worldwide Casino Consulting.
El diagnóstico es inquietante: el poker de altas apuestas se ha convertido en terreno fértil para estafas de alta tecnología. Barajas marcadas por menos de 100 dólares, mesas modificadas con luz infrarroja y analizadores de cartas del tamaño de un celular son hoy herramientas al alcance de cualquiera. Literalmente.
“Puedes encontrarlo en internet”, explica Joseph. Sitios asiáticos ofrecen marcar cualquier baraja por unos 80 o 90 dólares, y hasta en eBay aparecen mazos listos para el engaño. Estas marcas, invisibles al ojo humano, son legibles por dispositivos electrónicos que transmiten la información a un cómplice remoto. Resultado: alguien en la mesa sabe qué cartas vienen… y cuáles no vale la pena jugar.

El Experto En Trampas, George Joseph Deja En Claro Que Ahora Es Fácil Hacer Trampas En Las Mesas Particulares.
Pero el verdadero villano del relato es la llamada “mesa de rayos X”. Bajo un paño aparentemente normal se instala una luz infrarroja y una cámara oculta —en una lámpara, el techo o un mueble— que “ve” las cartas. Desde fuera, todo parece legal. Desde dentro, el juego está muerto.
Ni siquiera las máquinas mezcladoras se salvan. Diseñadas para evitar trampas, algunas han sido manipuladas para leer el orden del mazo. “Incluso te dicen cuándo perder”, dice Joseph. ¿La única defensa? Que el dealer baraje a mano. Si no, estás jugando ajedrez mientras el otro mira el tablero completo.
El colmo llega con las barajas con códigos de barras invisibles, usadas junto a analizadores escondidos en accesorios de mano o paquetes de cigarrillos. Un segundo de descuido del dealer basta para que la información viaje a un auricular microscópico.
La conclusión es tan simple como brutal: fuera de un casino regulado, no hay red de seguridad. En partidas privadas, el único garantizado es el tramposo. Y en esta era, la tecnología no juega limpio.
Fuente: George Joseph en CardPlayer.com


