Las luces del show vuelven a encenderse con más intensidad que nunca. La segunda temporada de The Big Game On Tour acaba de estrenarse y subió la vara: ahora el mínimo buy-in es de US$100.000, y la mesa reúne a un elenco que parece sacado de un sueño –o una pesadilla– para cualquier amante de los shows high stakes.
Entre los protagonistas destaca el regreso de Lex Veldhuis
, quien se reencuentra con su némesis, Alan Keating
. La tensión entre ambos no es casualidad: en la temporada pasada, Keating le arrebató al holandés el mayor pozo de su carrera, nada menos que US$266.000. El recuerdo de esa herida abierta hace que cada mano entre ellos tenga sabor a revancha.
Pero la batalla no será solo un duelo personal. A la mesa se unió por primera vez Jason Koon
, uno de los jugadores más respetados del circuito de super high rollers. Completan el line-up Morgan Jay
, el carismático Alexander “Wolfgang” Seibt
y el Loose Cannon, Luke Moy
.
El sueño de Luke Moy
Gerente de pub en Reino Unido, Moy decidió esperar un año tras ganar su pase dorado para perfeccionar su juego y llegar preparado al reto más grande de su vida: sentarse frente a profesionales de élite, buscar un gran bluff y, si la fortuna lo acompaña, cumplir sus dos sueños más personales: comprar un bar propio y casarse con su novia de toda la vida.

Luke Moy Busca Su Sueño En Este Show.
Un formato único de The Big Game
El formato también intensifica la acción: 150 manos divididas en cinco episodios, NLH con ciegas de US$200/$400 y ante de $400. Para Keating, sin embargo, el reto debía ser aún mayor: llegó con US$500.000 en fichas, dispuesto a imponer su estilo agresivo desde el inicio. Y no tardó en mostrar los dientes.
Lo mejor estaba por venir. Con sonrisas irónicas, ambos rivales intercambiaron frases que parecían guionadas. “Es bueno estar de vuelta, Keating”, dijo Veldhuis. La respuesta fue inmediata y demoledora: “Sabes, igual que el Joker necesita a Batman, yo te necesito a ti”.
Así quedó marcado el tono de la temporada: no se trata solo de cartas y fichas, sino de una rivalidad que alimenta la narrativa del poker moderno.


