La noche de Las Vegas
siempre promete adrenalina, pero para Seth Maybee
terminó en prisió. Tras una sesión perdedora de más de US$20.000, el jugador llamó por teléfono a Harrah’s Casino y lanzó una amenaza que no admite matices: “Acabo de perder más de 20.000 dólares en su estúpido casino y lo voy a destruir. Lo voy a bombardear”. En Estados Unidos, y especialmente en Nevada, ese tipo de frases no se archivan como berrinches de madrugada.
La respuesta fue inmediata. Los investigadores rastrearon la llamada hasta el domicilio de Maybee en South Lake Tahoe, y a la 1:43 de la madrugada fue arrestado y trasladado al El Dorado County Jail, a la espera de su extradición a Nevada. Los cargos son severos: amenaza de bomba y amenaza terrorista. Traducido al lenguaje llano: el poker puede costar caro, pero una amenaza así puede costar años de libertad.
Una triste historia que no quieren repetir
¿Por qué tanta contundencia? Porque Las Vegas no olvida. En 1980, el Harvey’s Casino fue blanco de un atentado con 540 kilos de dinamita, uno de los ataques más notorios en la historia del juego. El caso, documentado por el Federal Bureau of Investigation, marcó un antes y un después: desde entonces, cualquier amenaza se trata como real hasta demostrar lo contrario. El antecedente pesa, y pesa mucho.
¿Y el poker? Curiosamente, Harrah’s Las Vegas no es hoy un epicentro del poker en vivo. Su poker room cerró hace algunos años y no ofrece torneos regulares, lo que vuelve aún más absurda la situación: no fue un bad beat en un Main Event ni una burbuja cruel; fue una mala racha en mesas de casino y una pésima decisión posterior.
Moraleja con tono policial y sonrisa amarga: en Las Vegas puedes perder fichas, paciencia y hasta el taxi de vuelta al hotel. Lo que no puedes perder es la cabeza. Porque ahí, el “tilt” no se paga con recompras, se paga con cargos federales.
Fuente: Pokefirma.com


