La historia de Haseeb Qureshi
parece escrita para una película: un adolescente obsesionado con mejorar, que pasó de estudiar técnicas avanzadas de No-Limit Hold’em en su habitación a manejar miles de millones de dólares en inversiones tecnológicas. Pero su ascenso no fue lineal. Tuvo que abandonar una carrera exitosa, reinventarse desde cero y apostar —otra vez— por una mano que pocos se atreverían a jugar. Qureshi sostiene que ese cambio radical solo fue posible gracias a la mentalidad que desarrolló como pro de poker: disciplina extrema, frialdad emocional y un entendimiento profundo del riesgo.
Hoy, como managing partner de Dragonfly, un fondo cripto global valorado en más de $4.000 millones, mira hacia atrás y reconoce que todo empezó con una decisión casi accidental: vengar una derrota jugando cartas con sus amigos. Ese momento de orgullo adolescente lo llevó a estudiar poker como si fuera una ciencia, y ese mismo enfoque matemático y psicológico sostiene hoy sus decisiones en el mundo del capital de riesgo.
De $50 a seis cifras: “En el poker descubrí quién podía llegar a ser”
Qureshi comenzó a jugar a los 16 años después de una derrota humillante. “Me dije que eso no me volvería a pasar”, recuerda. Con una mezcla de orgullo, curiosidad y ambición, empezó a estudiar teoría avanzada y a sumergirse en foros, libros y bases de datos. Un simple bono de $50 —obtenido al escanear una licencia que encontró en la calle— se convirtió en $100.000 en un año.
A los 19 ya era uno de los diez mejores jugadores online del mundo y había alcanzado siete cifras de bankroll. Sin embargo, mantuvo el secreto frente a sus padres hasta que tuvo una prueba contundente. “Cuando les enseñé que había ganado $100.000, no tuvieron más opción que creerme”, cuenta entre risas. Su padre, impactado, le puso una única condición: guardar $10.000 al mes.
Para Qureshi, el poker era más que dinero: “No lo veía como riqueza, sino como una especie de ‘puntaje alto’. Quería ser el mejor, eso era todo”. Esa mentalidad —centrarse en el proceso y no en la recompensa— sería clave décadas después en el mundo cripto.
Quemarlo todo para renacer
A pesar del éxito, Qureshi sintió que el poker no le daría un propósito duradero. “Me veía a los 40 contándole a la gente ‘yo solía ser alguien’”, confiesa. En el auge de su carrera tomó una de las decisiones más radicales de su vida: donar casi todo su dinero y quedarse con solo $10.000.
A eso se sumó un detonante externo: un escándalo de trampas que involucró a un alumno suyo y el Black Friday, que derrumbó el poker online en Estados Unidos. “Era como si el universo me estuviera diciendo que ese capítulo había terminado”.
Sin dinero, sin reputación profesional y sin un plan claro, Qureshi entró en una etapa de reinvención absoluta. “Fue aterrador, pero también liberador. Por primera vez, tenía que construir algo real desde cero”.
Se mudó a Silicon Valley, estudió programación en un bootcamp intensivo y consiguió trabajo como ingeniero de software. Lo describe como el periodo más humilde, pero también más formativo de su vida.

La Transformación De Haseeb Qureshi, Del Poker Al Capital Cripto, Refleja Una Mentalidad Construida Sobre Disciplina, Análisis Y Propósito
Dragonfly y el salto a la élite
En 2018 cofundó Dragonfly, hoy uno de los fondos cripto más influyentes del mundo. Allí desarrolló una filosofía de inversión muy distinta al poker: “En el poker solo importa tu resultado. Aquí solo gano si los fundadores ganan conmigo”.
Explica que el venture capital no se rige por la estadística tradicional, sino por un patrón llamado power law: unas pocas inversiones representan casi todas las ganancias. “En un fondo de 50 inversiones, tres generan el 80% del retorno. Tu trabajo no es acertar siempre, es identificar a los outliers”.
Por eso buscan fundadores con talentos extremos. “No queremos gente perfecta; queremos genios en un área crítica, aunque tengan defectos enormes”. Esta filosofía los ha llevado a invertir en algunos de los proyectos más importantes del ecosistema Web3. Hoy, a sus treinta y tantos, Qureshi sostiene que ya no piensa en su legado personal. “Eso es obsesión de los jóvenes. Lo importante es el impacto colectivo y la responsabilidad con tu equipo y tus inversionistas”.
Un pro de poker que cambió de mesa, pero no de mentalidad
La transición de Qureshi puede parecer improbable, pero él insiste en que su nueva vida es una extensión natural de su formación. “El poker me enseñó a manejar el riesgo, a controlar mis emociones y a pensar en escenarios a largo plazo. Todo eso es exactamente lo que hago ahora”.
En lugar de buscar manos perfectas, hoy busca fundadores capaces de cambiar industrias. Y entre ambos mundos —el tapete verde y el capital de riesgo— mantiene una verdad simple: la mejor jugada siempre es la que te obliga a crecer.


