Antes de conquistar Las Vegas, Jeff Madsen
soñaba con dirigir películas. Estudiaba cine en la Universidad de California, Santa Bárbara, pero pasaba más tiempo analizando manos que editando guiones. “Nunca fui un estudiante tradicional. Me obsesionaban los juegos, la estrategia, entender por qué ganaba o perdía”, recuerda.
A los 21 años decidió dar un salto de guion: tomó 10.000 dólares del fondo universitario y se inscribió en la WSOP 2006. El resultado fue cinematográfico. Tercer lugar en un evento de Omaha Hi/Lo, dos brazaletes en menos de un mes y el título de Jugador del Año. “Fue una locura. En un verano pasé de film school dropout a campeón mundial. Sentí que la vida me guiaba sin libreto”.
Entre la euforia y el vacío
El éxito temprano trajo consigo fama, dinero y contratos, pero también un peso emocional difícil de manejar. “La gente te trata como si lo tuvieras todo, pero por dentro estás perdido. No hay manual para tener 21 años y ser famoso en un casino”, confiesa.
Madsen firmó con Full Tilt Poker, compartiendo marca con íconos como Phil Ivey
. Sin embargo, el ritmo y la presión lo empujaron al límite. “Empecé a jugar más alto, a forzar resultados, a olvidarme de por qué amaba esto. El Black Friday me tumbó, pero también me salvó”. El cierre de Full Tilt en 2011 lo dejó sin ingresos y lo obligó a reevaluar su camino. “Me di cuenta de que el poker no era el problema, era mi manera de relacionarme con él”.

Jeff Madsen En The Table 1 Podcast.
Salud mental y redescubrimiento
Después de tocar fondo, Madsen se enfocó en su bienestar y en compartir lo aprendido. “La salud mental en el poker no se habla lo suficiente. Pasamos horas solos, con emociones extremas, y eso deja cicatrices”. Dar clases y entrenar a otros jugadores se volvió su terapia. “Cuando enseño, me escucho a mí mismo. Hablar de control emocional y resiliencia me ayudó a aplicarlo en mi vida”.
En 2013 volvió a ganar un brazalete, esta vez con una calma distinta. “Ya no necesitaba demostrar nada. Jugué por el placer de hacerlo bien, sin buscar aprobación”. Hoy acumula más de 7,3 millones de dólares en ganancias y 430 cobros en vivo, pero su mayor logro, dice, ha sido aprender a disfrutar sin obsesionarse. “Ganar es hermoso, pero entenderte a ti mismo vale más”.
La improvisación como filosofía
Más allá del poker, Jeff explora nuevas pasiones: los juegos de mesa, el rap improvisado y la escritura. “La improvisación es una extensión del poker. En ambos necesitas estar presente, aceptar el caos y reaccionar sin miedo”. Durante su aparición en el Table 1 Podcast, cerró la entrevista con una sesión de freestyle que sorprendió incluso a los conductores. “No lo planeé. Solo fluyó. Como una buena mano, tienes que dejarte llevar”.
Hoy, Madsen vive entre la enseñanza, la creatividad y la búsqueda de equilibrio. “El poker me mostró mis luces y mis sombras, pero también me dio las herramientas para entenderme. Esa es mi verdadera victoria”.


