En la historia del poker moderno hay nombres que brillan por sus resultados y otros que trascienden por su capacidad de reinventarse. Chino Rheem
pertenece a ambos. Con más de US$17 millones en ganancias y un legado que incluye múltiples títulos del WPT, mesas finales de la WSOP y apariciones en los escenarios más prestigiosos del mundo, su carrera ha sido tan brillante como turbulenta. Y estuvo conversando sobre ella en podcast de Chip Leader Coaching.
Pero lo que hoy define su historia no son los trofeos, sino la transformación personal que vino después de la caída. “El verdadero éxito en el poker no está solo en tomar buenas decisiones en la mesa, sino fuera de ella. Salud, descanso, disciplina y equilibrio son tan importantes como leer una mano correctamente”. Esa frase resume el punto central de su mensaje: la madurez emocional y el crecimiento personal como pilares de una carrera sostenible.
De los excesos a la sobriedad: la otra cara del éxito
Chino nunca ha intentado maquillar su pasado. Al contrario, lo expone con brutal honestidad. Recuerda los años en los que era, en sus propias palabras, “un degenerado total”, atrapado entre la fama y las adicciones. “Gané el PCA por más de un millón de dólares y aún así estaba destruido. No dormía, no comía, solo jugaba y consumía”.
Durante esa etapa, Rheem era uno de los jugadores más temidos del circuito high-stakes, pero también uno de los más autodestructivos. Enfrentó deudas, críticas y el estigma público de ser un talento desperdiciado. “Era un adicto funcional, pero no estaba bien. Gané dinero, sí, pero por dentro estaba vacío”.
Todo cambió cuando aceptó ayuda. Una conversación fortuita con un amigo durante un descanso en el Main Event de la WSOP lo llevó a buscar tratamiento. “Me enfrenté a mí mismo por primera vez. Entendí que no podía seguir ganando si perdía mi vida”.
Hoy, su sobriedad es su mayor trofeo. Lleva años limpio, enfocado en su hijo Leo, y en mantener una rutina que combina poker, familia y bienestar. “Ahora me levanto temprano, hago ejercicio, medito. Jugar sigue siendo mi pasión, pero ya no es mi identidad”.

Chino Rheem Conversando Con Chance Kornuth En El Podcast De Chip Leader Coaching.
El poker de antes y el de ahora
Pocos jugadores pueden hablar con tanta autoridad sobre la evolución del poker como Rheem. Vivió la época dorada del poker, esa explosión mediática entre 2004 y 2011 cuando el juego se transformó en fenómeno global gracias a las transmisiones televisadas y al boom del online. “Era una locura. Había tanto dinero que nadie pensaba en el futuro. Todos creíamos que iba a durar para siempre”.
Esa etapa lo llevó a enfrentarse con los mejores —desde Phil Ivey
hasta Tom Dwan
—, y a experimentar tanto la euforia de los triunfos como la soledad del descenso. “Ganar un millón de dólares no te prepara para perderte a ti mismo. Nadie te enseña cómo manejar eso”.
Hoy, el poker que conoce es completamente distinto. Los solvers, el estudio matemático y las herramientas de análisis han elevado el nivel de exigencia. “El poker moderno es un deporte. Si no estudias, estás muerto. Pero incluso con toda la teoría, la intuición sigue siendo mi mejor arma”. Aunque reconoce que ya no compite tanto como antes, se mantiene activo en los torneos del PokerGO Studio, donde enfrenta a nombres como Stephen Chidwick -gb-, Alex Foxen
y Nick Schulman
. “Juego contra asesinos cada semana, y eso me mantiene humilde. El ego es el enemigo”.
Redención, familia y nuevos objetivos
La madurez ha reconfigurado sus prioridades. Ya no busca ser el más temido, sino el más constante. Su objetivo inmediato es conquistar un brazalete de la WSOP, uno de los pocos logros que todavía le faltan, aunque insiste en que ya no mide su valor en títulos. “Mi meta es terminar cada año en positivo, mantenerme sobrio y ser un buen padre. Si logro eso, ya gané”.
Planea mudarse definitivamente a Florida
, cerca de su madre y su hijo, convencido de que su nueva vida le ha dado un equilibrio que el poker nunca pudo comprar. “Ser ganador no solo se trata de jugar bien, sino de vivir bien. Hoy me siento más feliz ganando poco que antes ganando millones”.
El mensaje de Chino Rheem es claro: el poker puede dar fortuna, fama y libertad, pero ninguna de ellas vale tanto como la paz interior.
Su historia, más allá de las mesas, es la de un hombre que entendió que la mejor mano que puedes jugar es la de tu propia vida.


