Hay historias que se entienden mejor cuando se escuchan en primera persona, sin adornos ni exageraciones. La de Carlos Camargo
en la serie Poker es Deporte de la Federación Colmbiana de Poker es una de ellas, porque cada etapa de su recorrido profesional está marcada por una convicción que, con el tiempo, se volvió su sello personal: “Me cambió la vida”.
Esa afirmación no nace de un solo resultado, sino de un proceso largo, exigente y lleno de decisiones difíciles. Hoy, con la tranquilidad de la experiencia y el peso de la disciplina, Carlos repasa cómo el poker lo acompañó desde su época de estudiante hasta convertirse en un referente del deporte en Colombia.
“El poker fue un atajo que me permitió vivir un sueño”
Carlos recuerda sus inicios con una claridad que sorprende. Cuenta que en los años 2011 y 2012 su vida era una combinación intensa de responsabilidades: estudiar Derecho de noche, trabajar de día y jugar poker cuando encontraba un hueco. Ese ritmo, aunque desafiante, fue el origen de un momento que marcaría un antes y un después en su carrera: ganar un satélite de 11 dólares que lo llevó al LAPT High Roller. Ese triunfo —que él describe como algo que “me cambió la vida”— no solo lo proyectó a nivel mediático, sino que lo hizo reflexionar sobre lo que realmente quería para su futuro.
El paso de estudiante a jugador profesional no fue improvisado. Carlos lo resume con una frase contundente: “Un atajo que me permitió vivir un sueño”. Ese sueño incluía aparecer en televisión, viajar y enfrentarse a jugadores de alto nivel, pero también aprender a manejar dinero, invertir con criterio y entender que el poker exigía mucho más que habilidad técnica. Con los años, llegó a la conclusión que hoy repite como una ley interna: “La disciplina es fundamental para un jugador profesional de poker”.
Su historia es una prueba de que los grandes cambios no solo nacen de una oportunidad aprovechada, sino de la capacidad de sostener hábitos en el tiempo. En el caso de Carlos, ese hábito fue la disciplina, una herramienta que convirtió un momento único en una carrera sólida.

Carlos Camargo Ganando El Main Event De La Ksop En Río
“El poker ya no es un juego de azar: es un deporte en evolución”
Cuando habla del estado actual del poker, Carlos es directo y pedagógico. Afirma que este juego dejó atrás las etiquetas negativas del pasado y hoy se posiciona como un deporte moderno: “Ya no es solo un juego de azar de casino, sino un deporte en constante evolución”. Su argumento no es teórico: es producto de años de competencia, estudio y observación del crecimiento internacional del poker.
Menciona a Brasil como el ejemplo perfecto de esa evolución. Allí, dice, el poker se transformó en un movimiento social y deportivo gracias a un enfoque inclusivo: “Integrando a la familia y la comunidad, lo que dignifica la profesión”. Ese modelo, que combina estructura, valores y visión deportiva, es parte de lo que espera que Colombia continúe desarrollando con la nueva Federación Colombiana de Poker. Por eso resalta que esta organización brinda a los jugadores un “derecho constitucional al deporte”, una frase que refleja su convicción de que el poker debe ser reconocido como cualquier otra disciplina seria.
Al comparar el poker online con el poker en vivo, Carlos también es preciso. Describe el online como una modalidad que “implica un gran desgaste físico y mental”, especialmente por los horarios extensos y la presión de competir contra miles de jugadores. En cambio, el poker en vivo, con menos volumen pero “mayor calidad”, permite aprovechar información más fina, como patrones de apuesta o lenguaje corporal. Para competir bien en vivo, recalca que el jugador “requiere hábitos saludables: buen descanso, ejercicio”, porque la claridad mental influye tanto como la técnica.
Su mirada combina experiencia y responsabilidad. Lo deja claro con una frase que refuerza su visión ética del deporte: “Los jugadores regulares tienen la responsabilidad de difundir el deporte con el ejemplo”. Para Carlos, crecer como comunidad también implica enseñar, orientar y marcar estándares de conducta.
“Este deporte desarrolla habilidades que la escuela no enseña”
Más allá de resultados y trofeos, Carlitos valora el poker por la formación personal que ofrece. Lo explica de manera sencilla pero poderosa: el poker fortalece “capacidades que no se enseñan en el sistema educativo tradicional: tolerancia a la frustración, manejo del dinero y educación financiera”. Para él, estas habilidades son esenciales para cualquier persona que quiera vivir del deporte o simplemente entender mejor sus propias decisiones.
Su competitividad natural también ha sido clave, pero no lo limita al ámbito del rendimiento. Carlos habla con especial cariño de Brasil, país al que considera “su segundo hogar” y donde construyó una reputación basada en esfuerzo, carisma y consistencia. Esa identidad lo motiva a apoyar a otros jugadores colombianos que viajan por primera vez al circuito, con la esperanza de que el poker colombiano “siga creciendo generación tras generación”.
Sobre el impacto económico del poker en Colombia, ofrece una visión clara y optimista. Sostiene que la expansión de eventos presenciales “generará ingresos significativos en transporte, alimentación, empleo directo e indirecto”, beneficiando a muchas familias. No se trata solo de competir, sino de construir industria, turismo y oportunidades.
Y aunque su análisis es profundo y estructurado, su cierre es una declaración simple que resume su relación con el juego: el poker, dice, “se juega por pura pasión”.


