El 1° de octubre, el planeta celebra el Día Internacional de la Música, una jornada dedicada a reconocer la fuerza transformadora de las melodías en nuestras vidas. Pero más allá de conciertos y festivales, la música también tiene un lugar especial en escenarios inesperados, como las mesas de poker. Dos universos distintos, pero con una sorprendente cantidad de paralelismos.
El tempo como estrategia
Así como un músico debe seguir el compás de una pieza, un jugador de poker aprende a respetar el ritmo de la mesa. Jugar demasiado rápido o demasiado lento puede costar caro; lo mismo ocurre con una orquesta que desafina o se precipita. El control del tempo permite anticiparse, medir las pausas y generar impacto. En ambos casos, el silencio también juega: un silencio antes de un acorde o una pausa antes de una apuesta pueden cambiar la percepción de lo que vendrá.
Improvisación con técnica
El jazz ofrece un ejemplo perfecto. Los músicos improvisan sobre una base, pero con un conocimiento profundo de la armonía. En el poker sucede igual: cada mano exige creatividad, pero apoyada en fundamentos sólidos como la teoría de rangos, la probabilidad y la lectura del rival. Tanto el músico como el jugador exitoso dominan las reglas antes de romperlas.

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Lectura del público y del rival
Un guitarrista en un escenario no solo toca para sí mismo, también interpreta las reacciones de la audiencia. Un pokerista, frente a sus oponentes, descifra miradas, patrones y tiempos de acción. Ambos entrenan su sensibilidad para reaccionar a estímulos externos sin perder la concentración en la ejecución propia.
La emoción como motor Música
La música despierta sentimientos universales: alegría, nostalgia, tensión. El poker también genera un vaivén emocional, desde la euforia de un “all-in” ganado hasta la calma que requiere perder con dignidad. En los dos terrenos, la gestión de esas emociones marca la diferencia entre la grandeza y el desastre.
Un mismo lenguaje sin fronteras
No importa el idioma que hables ni el país del que vengas: tanto la música como el poker pueden reunir a personas de culturas opuestas en una misma mesa o escenario. Son lenguajes universales que transmiten pasión, creatividad y conexión.
En este Día Internacional de la Música, vale la pena recordar que las cartas y las notas, aunque viajen en pentagramas distintos, suenan en la misma frecuencia: la de la experiencia humana compartida.


