El ex número uno del tenis mundial, Boris Becker
, confesó recientemente que sus partidas de poker en prisión casi le cuestan la vida. El alemán de 57 años, triple campeón de Wimbledon, reveló al medio Süddeutsche Zeitung que contrajo deudas con criminales durante su estadía en una cárcel británica, y que solo gracias a un amigo en el exterior pudo evitar consecuencias fatales. ¿Cómo terminó? En esta nueva edición de los Viernes Freak lo veremos.
Del césped al tapete verde
Tras retirarse del tenis en 1999, Becker encontró en el poker un nuevo escenario competitivo. No solo participó en torneos del WPT y el EPT, sino que además fue embajador de PokerStars y PartyPoker, acumulando más de US$111.000 en cobros en vivo según The HendonMob. Pero su afición lo siguió incluso tras las rejas.
En 2022, Becker fue condenado a 30 meses de cárcel en Londres por ocultar activos valorados en £2,5 millones en un caso de bancarrota. Cumplió solo ocho meses, pero en ese lapso decidió jugar poker con los reclusos. Una decisión que ahora califica como “foolish” (tonta).

Ganador De 49 Títulos, Seis De Grand Slam Y Exnúmero 1. Ganó Wimbledon Con 17 Años.
Deudas con criminales
Becker relató que llegó a deber £500 a criminales rumanos dentro de la prisión. Una cifra menor en el circuito de poker, pero enorme en un entorno carcelario. “Venían a mi celda, me abofeteaban y me decían que tenía que pagar”, recordó. Sin dinero a la mano, recurrió a un amigo fuera de la prisión para saldar la deuda. De no haberlo hecho, asegura, su integridad física habría estado en riesgo.
Secuelas que no se borran
Liberado hace casi tres años, Becker aún siente el peso psicológico de aquella experiencia: “En la cama duermo tan al borde que casi me caigo. Incluso la cama más grande se convierte en un catre estrecho. No soy psicólogo, pero sé que las cosas eran distintas antes de la prisión”.
Hoy Becker reside en Italia con su esposa Lilian de Carvalho Monteiro, analista política, y espera su quinto hijo. Pero su paso por las cartas entre barrotes deja claro que, incluso para una leyenda del deporte, jugar al poker en prisión puede ser la apuesta más peligrosa de todas.


